¿De dónde venimos?

Tan singular personaje procedería, según la teoría del historiador Juan Uría Ríu, de los ritos de Los pueblos primitivos, “donde Los miembros del clan buscaban bien la protección del animal totémico, disfrazándose con su pieles, o la fecundidad de Las personas”. Así lo reflejan Rosa María Villa, Javier Díaz y Gregorio Fonseca en su estudio sobre Las costumbres y tradiciones sierenses publicado en «El libro de Siero». Estos autores, que participan parcialmente de la teoría de Uría Ríu, consideran a los “sidros” como “antiquísimas máscaras totémicas, emparentables o reencarnables en otras que se usaban en Los ritos griegos y romanos de Fauno y Silvano y del Busgoso”. Y añaden: “debemos considerarlos como símbolos de antiguos ritos parateatrales que se celebran para festejar el Paso del invierno a la primavera”. Y así, desde hace milenios, han llegado a nuestros días.

 

El origen

El nombre de “guirrio” es más genérico, pero en Siero y Bimenes se nos conoce por “sidros”. Sobre la procedencia del nombre hay varias teorías. Según Constantino Cabal, la palabra “guirrio” procede del latín guerrire (saltar de gozo, retozar), en clara referencia a una de sus funciones. Para Fausto Vigil, procede del euskera oguerria, que significa Navidad. Para la palabra “sidro” se busca una salida fácil, y lo llama así por su relación con la sidra. Nada más lejos de la realidad. Hay aún otra opinión que indica que “guirrio” procede de “guirriar” (reír). Sobre su origen, Fausto Vigil considera que los “sidros” (entendiendo por tal el conjunto formado por los “sidros y la comedia”) son el último eslabón de Los autos sacramentales que se representaban en las iglesias, y después fuera de ellas. Para Juan Uría, considera que su origen está en las celebraciones de los pueblos primitivos. Según otra opinión, y mitológicamente hablando, el “guirrio” sería la reencarnación de los viejos mitos griegos y romanos del “Silvano”, del “fauno” y del “busgosu”, persiguiendo a las mujeres para volverlas fecundas.